Future Nostalgia

Gané mi primer concurso de belleza al mismo tiempo que aprendí a ponerme de pie y a dar algunos pasos antes de caer sobre mi acolchonado trasero. El espíritu competitivo de mi madre me aseguró un trofeo por cada año de infancia. La vi pasar tardes enteras inmersa entre racks de metal y perchas de terciopelo negro, eligiendo los vestuarios que nos darían la victoria. A fin de cuentas, el resultado siempre sería un triunfo compartido.

Ella tenía un estilo que revelaba tanto su gusto por los colores como su herencia sureña: vestidos de estampados chillantes envolvían su cintura y un crucifijo de oro, sostenido por una fina cadena, descansaba sobre una saliente ósea de su pecho, justo en el sitio donde se une la clavícula con el esternón. Desde ahí, el hombre sobre la cruz guiaba nuestro camino. Para mi mamá, la belleza exterior era tan importante como la vida espiritual: «Cariño, exteriorizar nuestros pesares con una apariencia descuidada no los hará desaparecer». Hoy, sumida en el caos y la solitud, he pensado en ella; sé que debería de enviarle un mensaje.

Aquí mi colaboración para Rio Grande Review.

Future Nostalgia


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